sábado, 1 de septiembre de 2018

Vallenato en rio revuelto


Trinos van y vienen entre artistas vallenatos que defienden al género y otros que representan la evolución de la misma, todos con diferencias de criterio. Colegas que se dejan mensajes contundentes, que, si la canción “Bella” es vallenato o por qué ahora tiene aires urbanos. Mientras que las realmente bellas figuras femeninas,  se abren camino a punta del verdadero vallenato, derroche de sensualidad, y todas alineadas con la evolución de la industria.
Hace días alguien comentaba que algo pasaría con el vallenato femenino, y aunque desde afuera se podría pensar que sería una lucha entre David y Goliath, no cabe duda que la proyección que llevan estas nuevas figuras no tiene límite. Es que sin el apoyo de la radio en su totalidad pareciera que este fenómeno no tomara relevancia, pero sucede que estas figuras vallenatas gozan de una admiración constante, reflejada en la gran cantidad de seguidores que cada vez se suman a sus redes sociales.

Karen Lizarazo por ejemplo, ha logrado canalizar un público determinante en sus respectivas presentaciones musicales en distintos lugares del territorio nacional, un talento con gran capacidad de llegar al público de manera especial, tiene aura de éxito que sin duda mantiene abonado el camino de las que luchan por un espacio. Suena en algunas zonas específicas, como en el caso de Bogotá donde hizo alianza con una importante emisora, punto favorable para lo que viene en su carrera. 
La realidad es que todas tienen un estilo marcado; Margarita Doria es imponente, con una voz potente y dulce al mismo tiempo, las espectaculares Ana del Castillo y Brenda Arrieta demuestran sensualidad en cada expresión, con voces notables que magnifican ese talento. Podría seguir con una lista entre las mediáticas y las que siguen en la lucha de festival en festival. 
¿Pero que tienen que hacer estas nuevas figuras femeninas para ser influyentes dentro del vallenato? La respuesta aún no está clara en un género musical que desde el triste fallecimiento de Martín Elías quedo como rio revuelto, donde algunas figuras masculinas buscan otros mercados bajo nuevas apuestas, fusiones urbanas con poco sonido vallenato. 
Mas sin embargo, esta coyuntura que vive el vallenato está siendo aprovechada de cierta forma por cada una de estas exponentes, y aunque todavía falta mucho por construir y volver esto un “movimiento” apoderado del género en todas las latitudes, los esfuerzos en cuanto a un performance adecuado deben continuar, tanto en sus presentaciones en vivo, como también en la identidad musical de cada uno de estas voces femeninas, que se clarificaría cuando por fin puedan sonar en la radio a la par de las figuras masculinas.
La música vallenata en la voz femenina es un bálsamo para el alma de cualquier mortal, tan solo al escuchar una de estas nuevas figuras se sosiega el corazón. Por esta razón la lucha para algunas no está en sonar en las emisoras de forma inmediata, ni tampoco luchar contra el machismo reflejado en nuestra sociedad desde los tiempos de Patricia Teheran y hasta lo más contemporáneo de Adriana lucia quienes se atrevieron.

La lucha de estas figuras femeninas en este momento consiste en persistir, marcar la pauta y seguir afianzando ese trabajo en redes sociales, que ha sido tan vital e importante canalizado de manera genial por ellas mismas en algunos casos. Con apoyos fundamentales como el cantautor Wilfran Castillo, que reconoce en estas nuevas voces un aire fresco al vallenato. Sus videos logran influenciar de alguna manera esa admiración por lo nuestro, rico en letras, historias y bellas armonías.
Un genero capaz de sobrevivir a las andanadas de la industria, un vallenato sin crisis en los tiempos del reggaetón, donde hay cabida para todo tipo de propuestas, y aunque para algunos lo popular y urbano parecieran ir en ventaja, el vallenato sigue en pie de lucha dando la pelea. Debería ser la unión de los colegas la que esté por encima de las diferencias de criterio, la presencia de las mujeres en el vallenato era algo necesario en una industria musical camaleónica en gustos, preferencias y en la determinante forma de consumo musical en el mundo.


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