Trinos van y vienen entre artistas vallenatos que defienden al género y
otros que representan la evolución de la misma, todos con diferencias de criterio.
Colegas que se dejan mensajes contundentes, que, si la canción “Bella” es
vallenato o por qué ahora tiene aires urbanos. Mientras que las realmente
bellas figuras femeninas, se abren camino a punta del verdadero
vallenato, derroche de sensualidad, y todas alineadas con la evolución de la
industria.
Hace días alguien comentaba que
algo pasaría con el vallenato femenino, y aunque desde afuera se podría pensar
que sería una lucha entre David y Goliath, no cabe duda que la proyección que
llevan estas nuevas figuras no tiene límite. Es que sin el apoyo de la radio en
su totalidad pareciera que este fenómeno no tomara relevancia, pero sucede que estas
figuras vallenatas gozan de una admiración constante, reflejada en la gran
cantidad de seguidores que cada vez se suman a sus redes sociales.
Karen Lizarazo por ejemplo, ha
logrado canalizar un público determinante en sus respectivas presentaciones
musicales en distintos lugares del territorio nacional, un talento con gran capacidad
de llegar al público de manera especial, tiene aura de éxito que sin duda mantiene
abonado el camino de las que luchan por un espacio. Suena en algunas zonas
específicas, como en el caso de Bogotá donde hizo alianza con una importante
emisora, punto favorable para lo que viene en su carrera.
La realidad es que todas tienen
un estilo marcado; Margarita Doria es imponente, con una voz potente y dulce al
mismo tiempo, las espectaculares Ana del Castillo y Brenda Arrieta demuestran sensualidad
en cada expresión, con voces notables que magnifican ese talento. Podría seguir
con una lista entre las mediáticas y las que siguen en la lucha de festival en
festival.
¿Pero que tienen que hacer estas
nuevas figuras femeninas para ser influyentes dentro del vallenato? La
respuesta aún no está clara en un género musical que desde el triste fallecimiento
de Martín Elías quedo como rio revuelto, donde algunas figuras masculinas
buscan otros mercados bajo nuevas apuestas, fusiones urbanas con poco sonido
vallenato.
Mas sin embargo, esta coyuntura
que vive el vallenato está siendo aprovechada de cierta forma por cada una de
estas exponentes, y aunque todavía falta mucho por construir y volver esto un “movimiento”
apoderado del género en todas las latitudes, los esfuerzos en cuanto a un performance
adecuado deben continuar, tanto en sus presentaciones en vivo, como también en
la identidad musical de cada uno de estas voces femeninas, que se clarificaría
cuando por fin puedan sonar en la radio a la par de las figuras masculinas.
La música vallenata en la voz
femenina es un bálsamo para el alma de cualquier mortal, tan solo al escuchar una de estas
nuevas figuras se sosiega el corazón. Por esta razón la lucha para algunas no está
en sonar en las emisoras de forma inmediata, ni tampoco luchar contra el
machismo reflejado en nuestra sociedad desde los tiempos de Patricia Teheran y
hasta lo más contemporáneo de Adriana lucia quienes se atrevieron.
La lucha de estas figuras
femeninas en este momento consiste en persistir, marcar la pauta y seguir afianzando
ese trabajo en redes sociales, que ha sido tan vital e importante canalizado de
manera genial por ellas mismas en algunos casos. Con apoyos fundamentales como
el cantautor Wilfran Castillo, que reconoce en estas nuevas voces un aire
fresco al vallenato. Sus videos logran influenciar de alguna manera esa admiración
por lo nuestro, rico en letras, historias y bellas armonías.
Un genero capaz de sobrevivir a las
andanadas de la industria, un vallenato sin crisis en los tiempos del reggaetón,
donde hay cabida para todo tipo de propuestas, y aunque para algunos lo popular
y urbano parecieran ir en ventaja, el vallenato sigue en pie de lucha dando la
pelea. Debería ser la unión de los colegas la que esté por encima de las diferencias
de criterio, la presencia de las mujeres en el vallenato era algo necesario en una
industria musical camaleónica en gustos, preferencias y en la determinante forma
de consumo musical en el mundo.


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